cap16

Capítulo XVI

El Conocerse A Si Mismo.

Salió al patio de la residencia para dominar el balón por un rato, mientras sudaba y trataba a esa pelota de forma magistral sin dejarla caer por un rato, no podía dejar de pensar en esas líneas misteriosas:
“¿En qué momento las habré escrito, y en donde las tecleé?”, le pasaba por la cabeza, igual que el balón que dominaba.

Algunos estudiantes pasaban a su lado admirando su arte con la pelota, otros seguían su paso con una estela de envidia hacia el deporte, no hacia Doguix. Se notaba algo raro en la gente de ese lugar y era que el soccer era un deporte venido de otro planeta, así como si el agua hubiese sido traída por un cometa a la Tierra desde el más allá de las extrañas del universo. Era el soccer una bandera de extranjero, luego unos años después, Doguix logró descubrir que el soccer representaba un deporte de comunistas para esa sociedad interplanetaria y al evolucionar por si solo la actividad recreativa se transformaría en una bandera de envidia por la cobertura mundial verdadera, no como el engaño propio de los deportes domésticos populares. Hoy en día es una bandera popular de todos.

A Doguix se le acercaban estudiantes de ambos sexos a manejar el balón con él. Se decía entonces que el soccer tenía su afiliación, su gente. Era gente sin complejos y muy especiales. Cuando realizaba esta actividad se sentía muy en casa, y esa química le venía al cuerpo porque el vivir era muy directo, sin ningún protocolo entre ellos. El lenguaje era el mismo y el placer era ese trato del balón que los aglutinaba a todos.

Una bella chica, más por sus shorts y sus mejillas llenas de pecas, llamada Romi le encantaba aprender de Doguix su dominio de balón. Era una comunicación donde el Inglés no tenía peso, era el éxtasis del manejo del balón lo que se convertía en idioma. Observaba que su ser se expresaba completamente cuando se trataba de esta conversación. Se decía que era valiosísimo el interactuar con la gente, sus amigos, sus seres sin prejuicios, y para eliminar el prejuicio necesitaba sentir bien a su ser, oír el palpitar de su corazón, el flujo sanguíneo de sus venas, los gustos y colores propios. Empezaba a descubrir con Romi quién venía de un pueblo de California, nunca supo cuál era, que la comunicación entre individuos, sean seres extraterrestres ó no, pasaba por el conocerse cada quién muy bien. Las dudas en su ser propio le traían imprecisión en la transmisión.
Le daba un golpe seco al balón en el aire, y este se quedaba como flotando en el aire, así Doguix podía posicionar de nuevo su pie en el ángulo ideal para volver hacerlo flotar y quedarse así por un rato largo sin dejar caer ese balón. No es un golpe cualquiera, era la sequedad del golpe que le permitía a ese balón flotar en vez de volar. Esto le decía a Doguix que tenía que cultivarse más en su vida para saber dar estos golpes secos en su etapa de estudiante, en su carrera en el futuro, para permitir dominarlos sin dejarlos caer. Romi se le acercaba para arrebatarle el balón del aire en juego de una amistad muy agradable. El y Ella sabían que estaban ambos dominándose sus cariños el uno por el otro, eran golpes secos a sus corazones.

Ya Doguix no contaba cuantas veces podía guardar el balón en el aire, lo único que hacía era subir el grado de placer creando nuevas maneras de dominio pensando que en su casa iban a quedarse perplejo de su avance técnico con el balón. Esto le servía como pieza fundamental para su juego sobre una cancha, especialmente porque sabía que los balones que recibía por la gran mayoría eran melones aleatorios. El al tocar esos objetos, se podía apreciar el baño metálico en cuero que al recibir sus compañeros de juego les llegaban siempre unos balones nuevos con tacto de frescura. Era Romi quién le repetía mucho de estas cosas a Doguix, pero Doguix nunca le permitía a ella afincarse a esa idea. Le decía:
“Romi, te falta, te falta aún para llegar al punto de luz del Arte del Fútbol”, riéndose como ya ellos lo hacían con cariño y placer.

Romi siempre que se acercaba a donde Doguix dominaba solo al balón ó ya con otros tempraneros, le llegaba por la espalda empujándolo. Todos ya conocían ese trato y nunca le anunciaban a Doguix su llegada, como un trato natural entre ellos. A Romi le encantaba un dominio particular con una sola pierna que Doguix era el único en hacerla, todos trataban por unos momentos y todos como de acuerdo abandonaban, no insistían en lograrlo porque lo veían imposible, no difícil. El trato era mantenerla a casi ras de piso con un leve golpe de balón. Doguix no sólo la guardaba con su pie como si fuese su mano dominando un globo de playa, sino que le daba uno de esos golpes secos donde hacía girar su pie alrededor del balón en su trayectoria para recepcionarla de nuevo con un mismo leve golpe y continuar su arte. Romi siempre gritaba al verlo hacer esto y exclamaba: “!hot-dog!” desde el comienzo de esa maniobra con un cariño especial. Romi era la única que insistía en lograrlo y siempre le decía: “You´ll see!”, para indicarle a Doguix que era su reto con él. Pero le pedía que la ayudase para lograrlo. Ella insistía en el golpe cada vez que trabajaban, Doguix se le reía siempre cuando lo mandaba a callarse para no perder su concentración al oír al “hot-dog” que lo enseñaba. Doguix le gritaba a veces que la veía sola trabajando el dominio, en camino a sus clases de inglés:
“Forget it! , hot-dog”,
Ambos riéndose, se saludaban al perder Romi inmediatamente el dominio de la “soccerball”.

Muchos años después Doguix leyendo libros orientales sobre las artes del té, de la arquería, y de muchas otras artes, vio lo valioso que había sido el fútbol para él en su vida. Era su arte del té oriental, este del arte del fútbol. El dominio de balón, recordaba él, era desde ese entonces en su época de estudiante de idioma en la lejanía de un pueblo llamado Logan y continuó hasta siempre, su punto núcleo, su eje en el arte del fútbol que era un medio claro y sólido que le permitía conocerse así mismo, como visitando una galería de pinturas con una baranda para sostenerse y sillas para descansar y observar a placer los cuadros elaborados por su ser.
Ya había vivido la experiencia propia con Romi y sus amigos de dominio que entre ellos esos momentos con el arte del balón, cada quién estaba en su camino hacia su propio ser. Pensó en anotarlo para sus hijos, se lo comunicó a su gran familia, les dijo:
“Si uno perfecciona una actividad por sus propios medios y logra evolucionarla de rústica hasta suples, el recorrido de esa metamorfosis lo hará a uno llegar a la luz de su ser”,
Agregándole: “Es lograr segregar saliva de placer interno. Saliva de éxito generada por la suples de la actividad”.